Crítica cinematográfica: “Capitán América”

Ante la fiebre de adaptar cómics al cine, el espectador habitual puede sentirse hastiado por la excesiva oferta o, quizás, por la poca variación que esconden, muy en el fondo, gran parte de estas historias. El perfil, los disfraces, varían, pero el trasfondo permanece: un hombre (sobre superheroínas hablaré al final1) encuentra casualmente una fuente de poder externo que, unido a un poder interno que desconocían o que preferían ignorar, les lleva a una gran aventura. Hay sutiles variaciones, pero el esquema permanece. De ahí que tuviera miedo de que la gente ignorara ‘Capitán América: El primer vengador‘ por ser el símbolo de un ideal, que no de una nación, y por confundirla con una película de superhéroes más.

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Érase una vez un burro…

… que aprendió a manejar el Paint. O el fotochop.

Un ejemplo de estupidez.

Con esto del cierre de Megaupload sabía yo que me iba a empezar a hervir la sangre: no es para menos, estaba cantado que Mister Kim acabaría convirtiéndose en el héroe del pueblo, o al menos, de un determinado grupo de personas. También que saldría el típico debate sobre los derechos de autor y las típicas comparaciones con, por supuesto, el oficio de fontanero (“si un tío me cobra una vez por arreglarme un grifo, ¿por qué un autor tiene que cobrar varias veces por una misma obra?”).

Primero, y respecto a este montaje y otros parecidos, estas comparaciones son, cuanto menos, torticeras. No son delitos equivalentes, no se rigen por las mismas leyes y ni siquiera son en el mismo país. Habrá quien se monte su mundo de ciencia ficción o saque su lado anti sistema y crea, de verdad, que España pertenece a Estados Unidos, pero hay tantas diferencias (¡la cultura!, ¡la soberanía!, ¡la legislación!) que ni me voy a molestar en comentarlas.

Segundo, que sí, que muy bonito lo de la cultura gratis, pero a ver cómo vive alguien de escribir, o de dibujar, o de hacer películas, si no obtiene retribución por ello. Antes de empezar con las comparaciones, estúpidas, con oficios como fontanero, hay que pensar que gestar una novela no es lo mismo que arreglar un grifo. Y quien piense eso es un inculto y un mierda. Un autor necesita dinero para vivir mientras gesta su obra, y los derechos de autor sirven para eso. Me da igual quién los defienda y cómo, y salvo que se te ocurra un sistema mejor para evitar que tu músico favorito viva de la basura del Hotel Palace, el tema está tan trillado que mejor ni empieces la discusión.

Tercero, hay que dejarse de debates estériles y estúpidos en los que se mezclan temas sin ton ni son. Los derechos de autor NO tienen que ver ni con farmacéuticas ni con fontaneros ni con leches. Tienen que ver con el artista, su obra y lo que le rodea. Recordad también que no es Bisbal quien cobra en nombre de la SGAE; que no es lo mismo PROPIETARIO de los derechos de propiedad intelectual que GESTOR de esos mismos derechos: no mezclemos churros con merinas.

Cuarto, da igual que este Kim Dotcom hubiera sido millonario antes. Ganó aún más dinero gracias a un negocio que, gracias a la publicidad y a las cuotas de los Premium, generaba ingresos gargantuescos a costa de los contenidos protegidos que se distribuían en Megaupload; contenidos que la empresa no quiso ni le interesó controlar, como sí están haciendo ahora Fileserve, por ejemplo. Y sinceramente, había otras opciones, algunas de ellas gratuitas, para almacenar cosas en Internet sin necesidad de suscribirse pagando, para todo aquel que diga que Megaupload no era, sobre todo, un gigantesco almacén de copias digitales de obras protegidas. Entiendo que hubiera personas perjudicadas por el cierre repentino de Megaupload debido a que lo utilizaban para, por ejemplo, almacenar trabajos, pero no nos hagamos los santos, que esas personas suponían el 1% de los clientes de Megaupload. Esto es, que la mayoría de los usuarios Premium de Megaupload lo utilizaban para subir y descargar contenidos protegidos por los derechos de autor, sin autorización del titular de esos derechos.

Quinto. Y no sé si es verdad, pero al parecer Megaupload también pagaba a los usuarios que subían contenidos populares y que generaban muchas descargas. Y si esto es verdad, SÍ es una incitación a la piratería: si te pagaran 1000 dólares porque tu cuenta de Megaupload generara 1.000.000 de descargas, ¿no subirías la última película de moda y publicitarías el enlace en páginas de descargas para generar ese tráfico de visitas? No me seas falso, hombre: es evidente que sí.

Basta ya de montajes estúpidos, debates estúpidos y comentarios estúpidos. Sensatez e información.

PD: La imagen la creó una persona y me da absolutamente igual que le moleste que la cuelgue aquí. ¡Cultura gratis, weeeh!

Arte en vivo

Soy un fan absoluto de un tipo de películas que celebran la insensatez y el ruido, pero eso no quita para que una película realmente buena me llegue al alma, sea del género que sea.

A veces, descubres que una buena historia puede darse perfectamente en la vida real siguiendo los esquemas que teóricos del guión como Robert McKee ofrecen en sus manuales. Tomemos como ejemplo este vídeo, grabado por unas personas que estaban de safari tan ricamente y se toparon con esto:

Esta historia tiene su principio, nudo y desenlace.

Principio: la familia de búfalos camina por la sabana.

Detonante: Más adelante, hay unos leones que parecen dormidos.

Primer punto de giro: los leones tienden una emboscada a los búfalos, que salen despavoridos, y una cría se queda rezagada.

Segundo acto: ¿conseguirá vivir la cría? Está asediada por los leones y no puede zafarse de ellos. Es un protagonista pasivo, visto lo visto. Sólo esperamos que tenga la suficiente fortaleza física para aguantar los máximo posible.

Mitad de la película y más complicaciones: ¡llegan los cocodrilos y atacan también a la cría! Y aquí tenemos subtrama, señores: ¿conseguirán los leones llevarse a la presa? Pues sí: después de forcejear, los leones alejan a la cría del agua.

Segundo punto de giro: la cría ya no puede hacer nada y está tirada en el suelo cuando de repente… ¡llegan los refuerzos! No es un deus ex machina porque vimos que los búfalos habían huido en el primer acto: ¡ahora descubrimos que estaban reagrupándose!

Clímax: después de amenazar e intimidar a los leones, el ejército de búfalos con mala hostia se sale con la suya.

Tercer acto y final: Al final, la cría es salvada, los agresores repelidos y el equilibrio se restaura: la manada vuelve a estar completa.

PD: Soy consciente de que esto ya se ha hecho antes, pero creo que merecía la pena comentarlo. Con mis palabras. Y porque sí.

Crítica cinematográfica: Código Fuente

Hay un detalle curioso que encuentro en numerosos artículos relacionados con “Código fuente” en España: sólo se hace mención al director, Duncan Jones, como si fuera el único responsable de la película. Y desde luego, no puedo negar que el director hace una labor encomiable al plasmar la historia de un soldado involucrado en una compleja operación científica y militar para averiguar la autoría de un atentado, pero creo que Ben Ripley (acreditado como guionista en sólo cuatro películas, y ésta es la mejor sin duda) también merece algo de crédito.

El militar Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) despierta de repente en un tren de pasajeros. En frente, Christina Warren (Michelle Monaghan) parece conocerle, si bien su relación no está muy clara. Después de un par de vueltas por el vagón, y de descubrir en el cuarto de baño que en el espejo tiene la cara de un tal Sean Fentress, vuelve a encontrarse con Christina: ella le dice que todo va a ir bien… y el vagón estalla. Entonces Colter se descubre en un habitáculo comunicado con Colleen Goodwin (Vera Farmiga) y nos enteramos del proyecto que da título a la película, y que consiste en enviar la mente de alguien al pasado, durante un máximo de ocho minutos. Lo poco que le queda claro a Colter es que debe volver al vagón de tren y hallar al responsable del atentado si quiere impedir que una bomba sucia estalle en Los Ángeles…

Sin duda, el mejor cartel de esta película. El utilizado en España fue mucho más típico, una pena.

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Las diez razones de Lost (o Perdidos): 5

La quinta razón, y llegamos al ecuador de esta serie de artículos, tiene que ver con el capítulo piloto.

En teoría, el capítulo piloto de una serie nos tiene que enganchar. En teoría, este capítulo nos coge de las solapas, nos sienta en una silla y nos dice que tenemos delante un viaje que merecerá la pena. Pero eso es la teoría, porque en realidad, no es algo tan común. Ni tan fácil: los episodios que consideramos magníficos suelen ampliar la propuesta de la serie a la que nos hemos acostumbrado, jugando con elementos narrativos y estilísticos plantados en anteriores episodios, pero un piloto es un salto al vacío que tiene que sugerir muchas cosas y contar su propia historia. Y “Perdidos” hace esto último con maestría y ritmo.

Escena del capítulo piloto de Perdidos

Los diez primeros minutos de "Perdidos" son un prodigio conjunto de guión, actuación y puesta en escena.

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Las diez razones de Lost (o Perdidos): 6

La sexta razón para ver Perdidos es la ambigüedad moral.

Aunque la separación estricta entre bien y mal hace mucho que fue superada en la ficción televisiva, no es muy difícil apreciar que, pese a los vaivenes en las tendencias de la ficción, siempre vamos a encontrar una mayoría de historias de buenos contra malos. Una minoría de malos contra buenos. Y toda una gama entre medias donde los héroes de la función son demasiado expeditivos y los malvados muy gentiles. Sin embargo, lo que no es tan habitual es que aquel que pensábamos que era un paladín, resultara ser un villano; que el que resulta un monstruo a nuestros ojos es el que está intentando hacer un bien mayor. Esta posición moral, que es muy incómoda de ver por lo que nos lleva a pensar (que desde nosotros a nuestro gobierno, puede que nuestras decisiones estén tan deficitarias de perspectiva que no alcancemos a comprender lo mal que estamos haciendo las cosas, ni el daño que hacemos), no es tan común ni suele estar tan bien traída.

Michael Dawson, personaje de Perdidos

Un ejemplo perfecto de personaje que no es ni bueno, ni malo: Michael Dawson.

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Las diez razones de Lost (o Perdidos): 7

La séptima razón es un personaje concreto de la serie.

Es muy normal que en una serie, o una película, alguien encarne al espectador. Tú estás en tu butaca, o sofá, o cama, tumbado mientras piensas “No, no pases esa puerta idiota”, y ese personaje va y lo dice (lo suficientemente tarde como para que no sirva de nada, pero lo dice).

Pero pocos vínculos hay tan especiales como con Hugo “Hurley” Reyes, interpretado por Jorge García.

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Las diez razones de Lost (o Perdidos): 8

febrero 3, 2010 1 Comentario

La octava razón por la que Lost es tan buena es gracias a su banda sonora, compuesta por Michael Giacchino.

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Las diez razones de Lost (o Perdidos): 9

Vamos a entrar directamente con la razón número nueve, pero primero quiero recalcar que podría haber ligeros spoilers a lo largo del artículo. Si todavía no habéis visto las cinco temporadas, os recomiendo que déis media vuelta, hagáis los deberes y volváis. Os espero.

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Las diez razones de Lost (o Perdidos)

Pensé en abrir un nuevo blog, dedicado al audiovisual, pero creo que por ponerlo aquí no va a pasar nada y creo que diversificarme no ayudaría para nada a mi situación actual.

Hace poco terminé de ver Perdidos (Lost para los muy fans) y me quedé literalmente prendado. Claro que su principal inconveniente (la distancia temporal entre temporadas, que dejan sin uñas al más pintado) me la he saltado con elegancia torera, el karma ha decidido recompensarme con algunos spoilers que me comí previamente, como cierta condición física de Locke antes de la Isla y cosas así.

Ahora, medio en caliente, me he propuesto sacar diez razones de por qué mola tanto Lost. ¿Por qué diez? ¿Por qué una lista? Porque las listas están de moda y, por alguna razón, 7 razones no suenan tan bien. El hecho de escoger el diez, de hecho, es muy de guionista de Lost, porque aunque sé cuál es la principal razón, apenas tengo esbozados los puestos de enmedio. Comentad cuanto queráis y estaré dispuesto a debatir con gusto, pero pasaré olímpicamente de comentarios en plan “Yo no escogería esto” o “¿Por qué destacar eso, tío?”

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