El Batman de José Luís Garci – Un ejercicio de imaginación

El pequeño Bruno Díaz pasa una noche divertida con sus padres en la feria de San Isidro. Pero en el camino a casa, un delincuente de acento gitano les amenaza con la chirla y mata a los padres. El delincuente es capturado, pero puesto inmediatamente en libertad y con un piso de reinserción social junto al Manzanares. Bruno jura venganza.

CREDITOS DIBUJADOS CON UN ESTILO PARECIDO A MINGOTE

Bruno se hace mayor y monta una próspera empresa de construcción, pero por la noche patrulla las calles como el hombre murciélago. Aprovechando que la mitad de Madrid está construida por él, tiene bases secretas en prácticamente cada barrio de la ciudad.

Pero en 1980, un caso aparentemente sencillo de extorsión terrorista acaba en tragedia, y un euskalduno acaba sumergido en aceite de colza envenenado por culpa de Batman. Al mismo tiempo, el concejal y padre de la Transición Hipólito Delgado queda desfigurado por un coche bomba, convirtiéndose en Dos Caras y con la única motivación de matar a terroristas vascos.

Dos años después, Batman se empeña en acabar con la ola de terror nacionalista del Joker, pero también debe encontrar a un Dos Caras que, con el beneplácito del gobierno, secuestra y asesina a terroristas y presuntos terroristas mientras siembra el pánico en Euskadi con su ejército de criminales vestidos de chulapos.

¿Dejará Batman que Dos Caras mate al Joker? ¿Rescatará Batman a Segundo Marey? ¿Podrá Batman acabar con el terror nacionalista y los crímenes de Estado?

Crítica – Ai Weiwei: Never Sorry

Ai Weiwei: Never Sorry’ puede parecer a priori un documental sobre el artista que da nombre a la película, pero en parte no es así. Y no es que sea algo malo por necesidad, pero apena un poco porque da la sensación de que con Ai Weiwei se pueden hacer no uno, sino varios documentales.

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Al principio, asistimos a algunos de los puntos álgidos del artista contestatario chino. Es fascinante la obsesión que tiene por desmitificar e incluso burlarse de forma abierta de la cultura imperante de su país. Vemos fotos en las que se le saca el anular a lugares emblemáticos chinos o una serie de fotografías que retratan paso a paso cómo el artista suelta un jarrón de esos milenarios y deja que se rompa, todo ello siempre con una sonrisa en la cara. De obras sencillas de realizar pasamos a una mucho más ambiciosa, consistente en miles de pipas hechas a mano por artesanos chinos y que cubren el suelo de una exposición, como símbolo de la población y de la diversidad de China.

Mientras que para las obras sencillas apenas contamos con unas fotos y un par de declaraciones sueltas, para la gran exposición se puede ver un proceso fascinante, que es el de la creación de una obra de arte desde su mismo concepto hasta su puesta en largo. Un proceso que tendremos que saborear porque su directora, Alyson Klayman, decide variar el rumbo de la película y centrarse a partir de ahí en el aspecto político.

Porque la verdadera intención de este documental no es retratar el corpus de Ai Weiwei (si así fuera, estaríamos ante un documental algo mediocre) sino su activismo, de ahí su magnético título. Ai Weiwei es un quebradero de cabeza para las autoridades chinas: cuando un terremoto sacudió Sichuan en 2008, derrumbando varias escuelas, el artista se enfrentó al régimen para poner nombre y apellidos a los afectados, criticando en el proceso tanto el oscurantismo del gobierno como la mala calidad de las construcciones. Es un personaje muy popular, e influyente, en las redes sociales, y no hay Community Manager que no quisiera tener la mitad de relevancia que él.

Ai Weiwei never sorry film

Y así, el documental adquiere una segunda y fascinante lectura. Es una película sobre un artista chino respondón y vivalavirgen, pero también sobre el enemigo más formidable al que puede hacer frente. No es Damien Hirst, sino la República Popular de China, capaz de demoler el estudio que le costó a Ai Weiwei un millón de euros por su disidencia o de hacerle desaparecer una temporada, pero también de vanagloriarse de los triunfos del artista y de nombrarle asesor artístico para el estadio de Pekín usado en los Juegos Olímpicos. Una conducta muy propia de un monstruo de Frankenstein, con el músculo capitalista y el cerebro comunista.

La labor por tanto de Alison Klayman es muy característica de una debutante. Estudiante americana que emigró a China debido a la fascinación por el país, empezó a indagar en la figura de Ai Weiwei hasta que decidió rodar el documental. Y una de dos: o al principio no tenía muy claro el objetivo de la película, o se vio necesitadade metraje para llegar a la hora y media, porque si de algo peca ‘Ai Weiwei: Never Sorry’ es de indefinición. Aun así, y para tratarse de una ópera prima, la labor de Klayman es destacable como mujer orquesta encargada no sólo del guión y la dirección, también de la producción, la fotografía o la edición.

Crítica – Bestias del sur salvaje

Por un momento, parecía que ‘Bestias del sur salvaje’, como ‘Cabin in the woods’, no se estrenaría en cines en España. La atención que ha acaparado esta película indie entre el panorama cinéfilo norteamericano y el propio, que miraba el tráiler con anhelo, y su reciente nominación a los Oscar, ha conseguido que Golem la distribuya en España.

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Entrevista a David Ordinas

Entre butacas cubiertas de plástico para evitar que se manchen. Así nos recibe David Ordinas (Palma de Mallorca, 1979), que sabe muy bien lo que es empaparse de sangre junto al público gracias al musical ‘Evil Dead’, donde interpreta a Ash, el desmadrado héroe de la función.

IMG_4938La primera pregunta creo que es obligada: ¿habías visto las películas originales?

Las conocía, pero la primera la vi hace muchísimo tiempo. La volví a ver y es que no me acordaba de nada. Me he vuelto a meter gracias al musical.

¿Qué es lo que sientes ante un personaje tan famoso?

Es muy difícil, pero ya como el musical se tomó desde otro punto de vista… La obra original no quiso meterse con la figura de Bruce Campbell, y normal, porque se ha vuelto un merecidísimo actor de culto. Creó una manera de actuar. ‘Evil Dead: El Musical’ siempre ha preferido tomarlo desde el punto de vista del actor, y tanto Pablo como yo, desde nuestras personas. Los espectadores van a estar contentos: por ahora no he oído queja. En los momentos más importantes intentamos ser lo más puristas posibles; además, la obra se va más a la parodia. Por tanto, creo que, quieras o no, los fans se tienen que tomar esto como una parodia con muchísimo respeto y admiración hacia la película.

CÓMO SER ASH Y NO MORIR AHOGADO EN SANGRE

El papel es muy físico y muy vocal, ¿cuánto tiempo te ha llevado prepararlo?

No ha sido fácil porque es un personaje pasado de vueltas. Nosotros como actores intentamos acercarnos a la verdad lo máximo posible, pero ante un personaje tan pasado de vueltas hemos tenido que alejarnos un poquito por el bien de la obra. Eso es lo que más pido a la gente: que vengan muy abiertos. No van a ver una obra convencional en el que los actores van a intentarse meter y digan “Oh, un zombi” y tal. No. Verán a un tío pasado de vueltas que se encuentra en situaciones increíbles y que entra y sale de la verdad constantemente por el bien del humor. Hemos tenido dos meses de ensayos en los que esto ha venido solo, en los que después de un tiempo te encuentras y dices “ahí está, lo he encontrado”, y exploras esa sensación a base de ensayo y de lo que te dan los compañeros.

¿Qué pensaste cuando te ofrecieron el papel y te dijeron que estarías pasado de vueltas?David Ordinas 2

Lo cierto es que ya había oído hablar del musical antes, cuando estuve estudiando en Nueva York. No se había estrenado, pero se estaba hablando de que se iba a estrenar y cuando me lo ofrecieron pensé “ostras, esto es eso”. Ya sabía un poquito por donde iban a ir los tiros, de qué manera era, y me hizo mucha ilusión: lo acogí con impaciencia. Luego, fue fácil.

¿Y cuando te explicaron que acabarías cubierto de sangre hasta arriba?

Ahora mismo lo estaba hablando con Pablo (Puyol): cuando lo imaginábamos, creo que era mucho peor de lo que realmente es. No molesta tanto, aunque es pegajoso, porque una vez estás metido en la historia te da igual. Luego te ves y te sorprendes de cómo estabas, pero desde luego no es tan duro como parece.

Al menos no es como en la película, cuando dispara a la pared y salen chorros enormes de sangre…

… o en la escena del sótano. Ya te digo que no es agradable, pero tampoco molesta.

Hay un momento muy especial en la obra (que no voy a revelar). Es la más divertida para el público y para vosotros.

Ése es el súmmum de la función, cuando ya el público colabora y te diviertes viendo las reacciones… es la “splatter zone”.

PLURIEMPLEO Y UN PROYECTO PERSONAL

¿Qué proyectos tienes de aquí al futuro?

Pues estoy compaginando esto con otra producción. Se llama ‘Esta noche no estoy para nadie’, que es una comedia musical de Juan Carlos Rubio, en la que estoy con Kiti Mánver, Gisela y Bruno Squarcia, y este fin de semana estamos en Leganés haciendo previas gratuitas por si a alguien le interesa. Estrenamos en Córdoba la semana que viene y haremos gira durante todo el año, por lo que esperamos estar en septiembre del año que viene en Madrid, en temporada. Justo me vinieron en la misma semana las dos cosas, así que ha sido bastante duro compaginarlas, porque he estado ensayando mañana y tarde ambas y he llegado cansado a este momento, pero ha valido la pena. Pero para mi carrera y como actor me ha venido de maravilla, porque se trata de dos cosas totalmente opuestas, y poder trabajarlas al mismo tiempo y poder explorarlas de esta manera mis habilidades ha sido muy gratificante.

Aparte, está ese espectáculo tan personal junto a Pablo Puyol…

Casi me olvido, pero eso es un proyecto que tenemos y que nos apetece muchísimo. Vamos a intentar poner, en los pocos días que tenemos, esto en marcha pero es una cosa muy personal, muy chula. Pablo y yo, desde ‘Póker de voces’, nos hemos hecho muy amigos y tenemos una manera de ver el humor muy parecida. Tenemos muchas cosas que queremos contar. Nos hemos puesto, yo con una guitarrita y nosotros dos cantando, a componer canciones que creo que son muy graciosas. Tenemos que comprobar si nuestro humor se asemeja al del público, pero nos lo pasamos pipa y esperamos que para diciembre podamos hacer una pequeña presentación en algún sitio. A ver si a la gente le gusta esto de que escupamos gilipolleces de nuestras bocas, que a veces va bien.

A los monologuistas les funciona.

¡Y nosotros lo hacemos musical! Queremos hacer canciones que funcionen muy bien, que suenen muy bonitas cantadas pero que tengan un fondo muy gracioso. Por ahora tenemos un repertorio muy interesante y esperamos que funcione, porque nos hace mucha ilusión.

“Los fans se tienen que tomar esto como una parodia con muchísimo respeto y admiración hacia la película.”

“Los fans se tienen que tomar esto como una parodia con muchísimo respeto y admiración hacia la película.”

Entrevista a Pablo Puyol

Poco antes de esta entrevista, Pablo Puyol (Málaga, 1975), interpretando al carismático Ashley Williams, se amputa una mano poseída y se llena la boca de sangre en una escena del musical ‘Evil Dead’. La estampa es graciosa porque en ningún momento se pretende que sea creíble, algo que caracteriza a esta obra de terror y comedia con más de nueve años a sus espaldas y representaciones en medio mundo. De la película original, que cumple treinta años, el musical y su propia trayectoria nos habla Pablo Puyol sobre el escenario, muy cerca del sótano donde yace el Necronomicón

Evil Dead 3

¿Conocías las películas originales?

Sabía que existían, pero no las había visto. Me las he tenido que empollar una vez que me dijeron que iba a estar aquí, y la verdad es que no es el tipo de pelis que a mí me gustan, pero tienen “algo”. Creo que fueron un soplo de aire fresco en el cine de terror y humor. No sé si Sam Raimi quiso hacer algo serio o siempre quiso tirar más al cachondeo…


Al principio apostó más por el terror para la saga, pero como fan de ‘Los tres chiflados’, no pudo evitar introducir esos  elementos de humor.

Sí: la primera es más seria, pero se debió de dar cuenta de que le salió una cosa rara y ya en la segunda decidió tirarse a por todas.

LOS RETOS DE INTERPRETAR A UN ICONO

Con esta película, Bruce Campbell consiguió el cariño de los fans y creó un personaje de culto tan conocido que en el remake no se han atrevido a sustituirle. ¿Qué sentiste al afrontar este papel?

Siempre que haces algo así, te genera presión y nervios, pero si me dejara intimidar no haría nada. Yo creo que es un reto y algo muy bonito, sobre todo en este musical tan loco y divertido: me lo paso muy bien haciéndolo y, para mí, eso es lo que importa. El personaje de Ash es una maravilla porque está lleno de matices, ya que es muy cuadriculado al principio, pero la situación desmonta su forma de ser; desde el principio hasta el final no para de evolucionar y para un actor es muy rico de interpretar. Aparte de divertidísimo y muy cansado, porque no paro durante la función. Espero estar a la altura, aunque las comparaciones son odiosas siempre. Yo lo hago lo mejor que puedo, y aunque quede un Ash distinto, tampoco he intentado imitar a Bruce Campbell, porque creo que este Ash es el que funciona en este musical.

Pablo Puyol 2Has estado en varios musicales como ‘Grease’, ’40. El musical’… ¿qué pensaste cuando te ofrecieron este papel?

Al principio pensé “¿Perdona? ¿Esto qué es?”. Pero luego me enseñaron una producción que se hizo en Toronto y me encantó. Era algo muy fresco, muy distinto a todo lo que se ha hecho aquí en España y, por supuesto, a todo lo que había hecho yo. Me apetecía hacer algo distinto y con lo que me divirtiera tanto sobre un escenario. Desde el principio Chemari y yo dijimos que sí y hemos ido a muerte con el proyecto desde el principio. Ojalá que podamos estar mucho tiempo con esto, porque en las previas que hemos tenido me lo he pasado como nunca.

Eso se nota en el escenario. Las actuaciones están llenas de energía: es una producción modesta pero ambiciosa a nivel interpretativo.

Pero es que cuando dices modesta, es que la obra es así y en ningún momento pretende ser otra cosa. El otro día alguien me decía que, cuando saco la cabeza cortada, tiene el pelo distinto al de la actriz y yo le contesté, “Sí, ¿y? ¿No te parece raro que un alce colgado en la pared se ponga a hablar o que haya posesos?” Me replicó que podríamos hacerlo más real, pero entonces no sería esto. En las pelis es igual, no se trata de hacerlo bien sino de jugar con lo que se tiene. Podríamos haber intentado hacer una cabaña y que luego se transformara en un aeropuerto, pero no es eso lo que se pretende, no sería ‘Evil Dead’. Queríamos que se viera de serie B.

PERSPECTIVAS DE FUTURO

Has estado en cine, televisión, incluso publicaste un disco (‘Déjame’, disco de oro en Francia; UPA Dance). ¿Cuál de estas facetas pretendes retomar aparte del musical?

Para la que me llamen (ríe). Los actores somos mercenarios. Ahora estoy trabajando con David (Ordinas, compañero de la función que también hace de Ash) en una función pequeñita. Estamos haciendo el texto, la música… es una especie de obra formada de monólogos cantados entre dos. Estamos trabajando por hacer algo más y por divertirnos. Después de que acabara hace unos meses ‘Póker de voces’, nos quedamos con las ganas de hacer algo nuestro donde tuviéramos la oportunidad de expresarnos libremente. Hemos encontrado este camino, estamos trabajándolo y esperamos poder ofrecérselo al público a final de año, aunque sea en salas pequeñas o café teatro.

“El personaje de Ash es una maravilla porque está lleno de matices”.

“El personaje de Ash es una maravilla porque está lleno de matices”.

Total Recall – El Remake

noviembre 21, 2012 1 comentario

Resulta cómico que lo primero que se vea de un remake es que la productora se llame Original Film. Es indignante que, una vez finalizada la película, no merezca la pena comentarla a la salida y que los pocos momentos destacables provengan de guiños a la original, la magnífica ‘Desafío Total (Paul Verhoeven, 1990).

La historia que nos cuentan es, como el resto del filme, una sombra de la versión del holandés: Douglas Quaid (Colin Farrell) es un trabajador de una fábrica que vive con su mujer Lori (Kare Beckinsale), y que decide añadir algo de sabor a su existencia. O mejor dicho a su memoria, porque quiere implantarse unos recuerdos emocionantes gracias a una empresa llamada Rekall. Todo sale mal y termina en el punto de mira del canciller Cohaagen (Bryan Cranston), por lo que se unirá a Melina (Jessica Biel) para acabar con una conspiración que podría acabar con la vida de millones de personas.

Total Recall‘, en su afán de ser un blockbuster, pasa de ser sencilla a simple: ya desde el mismo prólogo sabemos que Quaid es un miembro de la resistencia al que han lavado el cerebro, y los juegos por confundirle sólo sirven para alargar sin necesidad un metraje excesivo. El guión luce agujeros que intentan disimularse con sobre explicaciones sin sentido (el plan de Cohaagen), y tanto la acción como los personajes se dedican a dar bandazos de un lado a otro. Un ejemplo: después de una persecución apañada entre los ascensores de un megacomplejo de apartamentos, Quaid y Melina caminan sin rumbo hasta que ven algo por una pantalla gigante de la marca “Cantoso Elemento Narrativo” o “CENutrium”. Melina resuelve entonces que hay que visitar al líder de la resistencia. ¿No hubiera sido mejor que, mientras huyen para ver al líder de la resistencia, vieran el anuncio en la pantalla y descubrieran que están faltos de tiempo? Pues así todo.

Lo que más me enfada es la falta de ambición de esta historia de ciencia ficción epidérmica. Hay buenos conceptos, a saber: ciudades apelotonadas, único recurso en un planeta devastado por la guerra química; la cascada, un ascensor que atraviesa literalmente el centro de la tierra; la sana intención de distanciarse de los conceptos de memoria y procesos mentales como eventos energéticos, tan propios de una corriente de la ciencia ficción que aspira a creer en el alma, y asignarles una naturaleza química y, por tanto, descreída, atea. Pero se quedan en eso, en descripciones y atrezo.

La labor de Wiseman, pese a la aparatosidad de las escenas de acción, es discreta, lo que viene a ser un mucho ruido y pocas nueces. La película tiene una primera hora sin apenas un momento de respiro, y en general las escenas de acción copan tres cuartas partes del metraje, pero todo es muy limpio y sin fuste. Aquí y allá hay unos zooms, a destiempo y sin sentido estético o narrativo. Y encima Wiseman confirma, después de ‘La Jungla 4.0‘, que es un pacato: a pesar de los tiroteos y las persecuciones, nadie se hace mucha pupa y las bajas colaterales apenas existen.

En la labor actoral no hay donde rascar. Farrell ni siquiera puede agarrarse a la incertidumbre de un personaje que sabe lo justo para tener capacidad de decisión, pero no lo suficiente como para sentirse bien consigo mismo. Hay una línea potente y provocadora, por supuesto no explotada durante el metraje, que sugiere que este Quaid con el cerebro lavado no quiere ser igual de idiota que su antiguo yo, en un conflicto de identidad resuelto en dos frases de diálogo. Kate Beckinsale y Bryan Cranston tienen unos papeles esquemáticos que se sirven del carisma que el espectador hereda de sus anteriores trabajos, ‘Underworld‘ la primera y ‘Breaking Bad‘ el segundo. Bill Nighy viene, recoge el cheque y se va. Sólo Jessica Biel intenta aprovechar el guión para crear algo parecido a un personaje, pero puede que me deje influenciar porque representa la parte humana de la película y llora en una ocasión.

La conclusión es que ‘Total Recall‘ entretiene, pero no convence; sobrecoge, pero no emociona; se mueve, pero no está viva.

Día de huelga, día de masacre

Son las 11 de la mañana del 30 de octubre de 2012.

En el Congreso de los Diputados se vota el Proyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, en materia de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno y lucha contra el fraude fiscal y en la Seguridad Social. En un mundo normal, el resultado sería de 203 votos en contra, 123 votos a favor y una abstención; en éste, cuarenta locos con formación militar toman el Congreso, inmovilizan cuando es posible a las fuerzas de seguridad y entran en la Cámara.

Los diputados, que se saben protagonistas de un nuevo golpe de Estado que saldrá ya no sólo en la radio, sino en Internet, en directo, a las agencias de noticias, teléfonos inteligentes y tabletas de medio mundo, interpretan el papel de defensores de un sistema político que ni ellos mismos valoran. Porque esto no es el 23-F: los demócratas de verdad están muertos, jubilados o dementes, y sus sucesores se han asegurado de popularizar el término “juego de la democracia” para desvelar su apreciación sobre el sistema. Así que estos diputados se levantan de sus asientos y se encaran, abuchean, todos a una, unidos no sólo por el miedo a la muerte, sino por la inminente pérdida de sus prebendas.

Los asaltantes disparan al techo y piden silencio. Mientras el polvillo del techo cae por segunda vez en casi treinta años, su portavoz, llamado a sí mismo Anarquista Penitente Futuro de Mierda, preside la Cámara. Está vestido con una capucha roja que lleva cosidos todos los emblemas políticos desde el siglo XIX a la actualidad y amartillea su rifle AK-74 afgano, lo que delata la procedencia de este comando.

- Señores – dice, su voz ronca, propia de un fornido militar de 1,93 de estatura -, quiero…

- ¡Farsantes! – contesta un diputado.

El valiente se llama Antonio González, y nunca ha destacado: no tiene un nombre carismático, ni contactos en grandes empresas, ni amigos con influencias. Su posición se debe a saber estar callado y asentir cuando le dicen que asienta y a quien le dicen que debe hacerlo. Cuando el grupo armado irrumpió en la sala, Antonio corrió a encender su iPad para ver las noticias: en efecto, aquel incidente estaba en las portadas de todos los medios, en directo, y supo que la ocasión era perfecta para sobresalir por fin.

- Los medios – levanta su iPad – dicen que no hay ningún ejército respaldando esta patochada. ¡Esto no es un golpe de estado!

- Claro que no.

Anarquista Penitente Futuro de Mierda sonríe poco a poco, hasta que arranca en una sonora carcajada que es arropada por la de sus compañeros de armas. De repente se para y su pequeño ejército vuelve a formar filas.

- Señor, estamos aquí para entregar un mensaje del pueblo.

- ¿Y cuál es ése, si se puede saber? Porque a usted no le ha elegido nadie.

Antonio González se agacha al acabar la frase. Ya ha tenido bastante valor por hoy.

- Éste – replica Anarquista Penitente Futuro de Mierda.

Lo que sigue es la masacre mejor documentada de la historia de España. Se ve la cara de todos los ejecutores, así como los rostros desencajados de los diputados, del presidente del gobierno, del jefe de la oposición, de los ministros, mientras son tiroteados sin piedad.

Al final, el grupo de asaltantes se reúne en círculo y se suicida disparando hacia el frente.

Ésto es una historia ficticia. No es reflejo alguno de un hecho real, ni pretende serlo. No se han usado nombres de verdad y si hay algún diputado llamado Antonio González, es una casualidad fruto del nombre y apellido más común en España. Tampoco es un llamamiento a las armas, y su lectura debe alejarse de personas susceptibles o con tendencia a la violencia. 

Ahora, qué putada que el posible sentir de la gente ante esta masacre, aparte del lamento por la pérdida de vidas humanas, sea el de aplauso ante el fin de una casta política que, según las encuestas, repudian. Y esto lo están provocando estos gestores de pacotilla, estos políticos sin alma que “juegan a la democracia”, recortan al pueblo que les vota y mantienen sus privilegios.

Odio mi Facebook ahora mismo. No hay forma de librarse de un comentario airado sobre algunas de las barbaridades éticas que protagonizan los políticos, en lo que debería ser un punto de encuentro entre sus usuarios. Las conversaciones terminan, tarde o temprano, hablando de política. En mis años de vida nunca había visto que se hablara tanto de política y, por descontado, con tanto odio. 

¿Qué he pretendido con este ejercicio? Si más de un lector ha sentido una mínima alegría por lo que ha leído, me temo que a esta democracia no le queda mucho. Porque éste es el caldo de cultivo de una enfermedad que España nunca ha sabido superar del todo: el totalitarismo. Y que surja tarde o temprano un salvador con ciertas objeciones sobre las libertades civiles es sólo cuestión de tiempo.

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