Estoy en racha, ¡en racha!
¡De corta y pega!
Hoy han sucedido varias cosas:
- Cuando pensé que iba a descansar, me he encontrado con la inconmensurable tarea de subir un sillón enorme por las escaleras, cinco pisos hasta mi casa. Eso no es descansar.
- A mitad del día, he pensado que dedico más de doce horas para trabajar. Me levanto a las 7 y 20. Salgo a las 8 de la mañana al Metro. Llego a las 9 a la oficina de Telefónica. Salgo a las 14:10. Llego a casa a las 15:20. Y luego, a las 20:30 me voy a trabajar al súper, cuya hora de entrada es a las 21:00. Salgo a las 00:04. Llego a casa a las 00:25. En veinte minutos me pongo el pijama y me preparo para dormir. Contad, contad, y eso que no he dicho nada de esa irrelevante necesidad fisiológica de comer. Contando preparativos y desplazamientos, más de doce horas. Eso no es vida, al menos para un idiota de 22 años como yo, que tiene pesadillas casi todas las noches, vive emparanoiado y encima tiene aficiones que le gustaría practicar de vez en cuando, como la sana y siempre recomendable contemplación umbilical.
- Que tengo 22 años. Cumplo 23 el día 25 de julio. Joder, el 85 fue una buena añada, ¿eh? Ni caso, que eso lo decimos todos con nuestro año. Terry Pratchett publicó su primera novela a los 18. Philip K. Dick empezó a vivir de sus escritos a los 24 años. A mi edad, Clive Barker hacía de todo, aunque le quedaban casi 10 años para preparar sus Libros de sangre. A lo que quiero ir es que mi edad se precipita, es como el agua que se vierte de un cántaro al suelo, se me escurre… hace 8 años, estaba escribiendo semidesnudo en mi mesa la que creía que sería mi primera novela: las aventuras de un hombre llamado Deseo, en la Antigua Grecia, y de su mujer, una poderosa amazona; de cómo recorrían parte de Grecia, descubrían la Atlántida y una conspiración de Apolo para acabar con el panteón griego, por una idea primitiva de solidaridad que germinaría en el cristianismo y que él pensaba usar a su favor. Y la novela tenía una respuesta absurda a la GRAN pregunta: ¿qué pasó con Atlantis? Pues que salió volando. Tal cual. Hace ya mucho de eso. Pensé que a estas alturas, estaría con un par de novelas a mis espaldas, varios cómics y sería famoso. Pero soy un muchacho quitinoso e inseguro, que ha repetido curso cuando sus notas siempre habían sido excelentes, que se ha dado golpes en los huevos metafóricamente hablando por la frustración de no encontrar pareja, que publica en un blog sus cuentos y poemas y paranoias y teme constantemente que le roben las ideas, pero sigue adelante por cierta solidaridad y sobre todo, necesidad de que se le reconozca algún mérito. Que ha ganado un par de premios, sí, pero también se ha portado como un niñato, un idiota, un gilipollas o un cabrón con gente que conocía y (quizás) lo merecía; con gente que no conocía y no se lo merecía (Marc, no mires a otro lado, coño, esto va por ti); y que en general ha estado a punto de quemar varios puentes en dirección al ÉXITO, si no lo he hecho ya.
¿Y bien? Ahora acabo de poner los brazos en jarra y me doy cuenta de que si no haga nada, no tendré un futuro brillante frente a mí, sino una luz a mi espalda, la luminosidad de los deseos que siempre tuve y nunca realicé, que proyecta una gran sombra hacia el mañana.
Primero, me sincero: aparte de escritor, me encantaría ser detective privado. Sé que no es como las pelis; no llevaría pistola, ni me metería en agudos casos de millonarios pornógrafos en problemas: más bien, espiaría a hombres y mujeres infieles, me aseguraría que el niño va al colegio y que el abuelo no esconde licor de contrabando en la pierna ortopédica, y que el gato no se escapa por las noches a fumar crack con el vecino. Desde el 2005, necesito una carrera para esto.
Vale, mejor no hablo de perspectivas de futuro.
Segundo: nueva parte de “Sábado de Juego”. Teniendo en cuenta que el sábado no estaré en Madrid, y estaré lejos mucho, mucho tiempo, procuraré publicarlo todo entero antes de irme. No me déis las gracias.
Dádselas al puto gato. Estampad el puntero en su cara o pulsad aquí.

Julio 1, 2008 a 10:11 am
“en general ha estado a punto de quemar varios puentes en dirección al ÉXITO, si no lo he hecho ya.”
Si te hace sentir mejor, no eres el único al que le ha pasado. Hace años, cuando todavía me quería abrir camino en el mundo de la música, me surgió la posibilidad de remezclar a un dj bastante conocido, pero la desaproveché por, en mi caso, un estúpido caso de egolatria desatada, además de quedar mal con un amigo, que fué el que actuó como intermediario en el asunto. Pero todo el mundo comete errores.
Por otro lado te quedan aún muchos años por delante para triunfar y para cometer menos erroes, te lo digo por experiencia, que tengo unos cuantos más que tú. De manera que ánimo.
Un saludo.
Julio 1, 2008 a 10:23 am
No te agobies, con 23 años aún eres lo que se dice un niño de teta, aunque te entiendo: yo pasé (y aún paso) por lo mismo cada vez que se acerca mi cumple.
Te diré lo que me dice Marc cuando me da la neura: no te preocupes tanto por lo que han conseguido los demás, preocúpate por ti. Y no te obsesiones por fijarte plazos constantemente, como dice uno de mis profes, eso es vivir en el tiempo de la muerte.
hale, filosofía zen casera que lo llaman.
Julio 1, 2008 a 11:34 am
Hombre, no me parece que ninguno de nosotros estemos en un nivel tal que seamos capaces de “quemar puentes”. Para nosotros esos puentes son de hormigón todavía (e inalcanzables) y por más que queramos no somos capaces más que de darles alguna patadita (y rompernos el pie en el proceso). Así que no te comas la cabeza con eso. Por otra parte, también hay autores que triunfaron siendo ya talluditos, así que ojo con obsesionarse con eso de “fulanito a los 23 ya era best-seller”, porque es el camino perfecto para el bloqueo. Ánimo! (aunque lo de las 12 horas de curro me ha llegado al alma, fiu, a ver si te sale algo más normal)
Julio 5, 2008 a 5:43 pm
Bueno, todo es ponerse, o al menos eso quiero creer yo
Me explico lo de trabajar nos pasa a todos… y te parecerá mentira pero hay quien te mataría por tener SOLO 25 años, así que después de esta catarsis, dale que tú puedes
Un saludo,
Pedro.